BIOMASA

¿Qué es la biomasa?

La biomasa apunta como una de las fuentes de energía renovable con más futuro a corto plazo. Se trata de la materia orgánica, tanto de origen vegetal como animal, que puede aprovecharse con fines energéticos. La energía química de la biomasa puede recuperarse quemándola directamente o transformándola en combustible. El uso de la vegetal es el más extendido, ya sea en forma de orujillos de aceite o de uva, de los huesos de aceituna, cáscaras de frutos secos y, sobre todo, de todos los residuos de la industria maderera (astillas y serrines) y los restos de las limpiezas forestales de cortafuegos y rastrojos. 

Quedan pues fuera de este concepto los combustibles fósiles y las materias orgánicas derivadas de éstos (los plásticos y la mayoría de los productos sintéticos) ya que, aunque aquellos tuvieron un origen biológico, su formación tuvo lugar en tiempos remotos. 

¿Cómo se aprovecha la biomasa?

Podríamos decir que la energía que contiene la biomasa vegetal es, en realidad, energía solar y, en concreto, aquella que la planta almacenó en vida durante la fotosíntesis, que a su vez eliminó CO2 de la atmósfera.

¿Cómo se aprovecha esta energía? Mediante su combustión, ya sea en centrales térmicas con calderas preparadas para ello, o en calderas domésticas para hogares y edificios públicos o de oficinas. Por eso, características como su humedad pueden hacer variar significativamente su rendimiento y eficiencia energética y, con ello, su precio en el mercado. Según el poder calorífico que tenga, es decir, la cantidad de calor que libere por cada kilogramo de biomasa en su combustión, será mejor o peor. Incluso las cenizas que deje –el ideal es inferior al 10%– son un signo de su calidad.

 

Ventajas

Es una fuente de energía renovable, procedente de nuestros bosques que, gestionada de forma adecuada, no se agota. Al no contener azufre en su composición, no genera lluvia ácida. El balance de CO2 generado en todo el proceso es 0. Desde un punto de vista medioambiental, todo son beneficios: menos emisiones de azufre y partículas y emisiones reducidas de contaminantes como CO, HC y NOX. En un momento como el actual, en el que más del 80% de nuestro abastecimiento energético proviene de energías fósiles, otro 13% de energía nuclear y únicamente el 6% de las energías renovables, este tipo de fuentes energéticas cobran vital importancia. 

Desde el punto de vista agrícola, no sólo se minimiza el riesgo de incendio, sino que también se reducen las plagas de insectos, se aprovechan los residuos sin necesidad de quemarlos sobre el propio terreno y se realiza un mejor aprovechamiento de las tierras, pues aquellas en barbecho se pueden destinar a cultivos energéticos. 

Además, en las zonas rurales también pueden ayudar a dinamizar la economía, proporcionando puestos de trabajo, como demuestra el crecimiento en el número de empresas, de norte a sur, dedicadas a la fabricación de pellets. El objetivo que se ha marcado España de cara a la Unión Europea es que para 2020 el país deba ser capaz de generar a partir de biomasa para usos térmicos el equivalente a 4,85 millones de toneladas de petróleo, lo que se traduce en una horquilla que va de los 9 a los 11 millones de toneladas de biomasa al año, aproximadamente.

Por otro lado, el empleo de biomasa supone el uso de energía propia, reduciendo la importación de combustibles fósiles, mejorando la balanza comercial del país.

 

 

 

 

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